Dicen que los dioses son una invención del hombre, una vanalidad más con el objeto de crear esperanza allí donde no la hay. Sin embargo yo os puedo asegurar que ellos existen, nos observan desde una tierra no muy lejana, la isla de Lhîm, alimentándose de nuestra fe.
Goraimus de Masthicore
EL PRIMER AMANECER
Cuentan los escritos que Kendoria se formó de un pequeño fragmento de energía que provenía de otra dimensión. Algunos se atreven a asegurar que dicho fragmento era el alma de un dios moribundo.
Sea como fuere, aquel fragmento de energía comenzó a atraer la materia de alrededor, creando una gigantesca masa de tierra, lo que en un futuro seria Kendoria.
EL EXILIO
Según relatan los escritos, los dioses recibían la energía de sus fieles y, a menudo, entraban en disputas que desencadenaban largas guerras, en las cuales a menudo se disputaba el protectorado de un mundo.
Dada la alineación de cada dios, se les catalogaban como dioses luminosos o dioses ocuros y se aliaban entre ellos forjando la Liga luminosa y la Liga de la oscuridad.
Se dice que, tras una de aquellas batallas, un grupo de dioses luminosos se rezagó del resto y fueron diezmados por los dioses oscuros, debilitándolos hasta casi exterminarlos. En un último esfuerzo, el comandante de los iluminados utilizó las escasas energías que le quedaban para abrir un portal, permitiendo huir a su moribundo grupo hasta una dimensión lejana.
Así es como Kraorn y sus hijos llegaron a Kendoria, debilitados y lejos de los suyos, decidieron recuperar fuerzas y hacer de aquél su nuevo hogar.
LOS PRIMEROS NACIDOS
Sobre el nacimientos de los primeros pueblos no existe una única hipótesis, cada reino defiende su propia historia atribuyéndose más protegonismo, sin embargo entre todos los historiadores y eruditos encontramos una opinión común, la intervención divina.
Se afirma que los dioses luminosos, necesitados de nuevos creyentes que restablecieran sus energías, decidieron crear vida en aquel mundo distante y lejano, que ahora era su hogar.
La leyendas coinciden que cada uno de los dioses que componían aquella compañía se encargó de una parte del trabajo, así Ukmo creó los mares y la vida marina, Thurion los cielos, Shua el Sol, Zhorian las montañas y Fingorn los boques. Además junto con cada una de sus aportaciones dieron vida a un pueblo , el cual les rendiría culto y le honraría como su creador.
LA ERA LUMINOSA
Los antiguos establecieron el inicio de los tiempos conocidos a partir de los que denominaron la Era de la Luz.
De entre todos los acontecimientos a partir de los cuales se considera el inicio de la misma, el más significativo fue la aparición de la Piedra Luminosa.
Los antiguos manuscritos la describen como un cristal del tamaño de un recién nacido, ligera como el carbón y d ela cual emanaba un resplandor intenso y cálido que, pese a su itensidad, no impedía observarla con detenimiento.
Su poder era tan intenso que solo podía provenir de los dioses. Aquellos que la estudiaron obtuvieron importantes conocimientos y gran poder así que se plantearon que un artefacto de tales características debían custodiarlo y utilizarlo para la prosperidad de los pueblos de Kendoria. Así se formó el Alto Círculo.
Formado por los más prestigiosos hechiceros y eruditos del reino, forjaron una alianza entre todos los pueblos, uniéndolos bajo un mismo escudo, gobernando con sabiduría y justas leyes.
LA PRIMERA ORDEN DE CABALLERÍA
Si bien fueron prósperos los años siguientes a la creación del Alto Círculo no podemos decir que reinase la paz en toda Kendoria. Los bárbaros del Oeste no reconocían la soberanía del gran consejo, los misteriosos Ctündar del este se encerraban en sus subterráneas ciudades y se desentendían de los problemas d ela superfície, los bandidos acechaban en los caminos asaltando caravanas y en algunas zonas habitaban oscuras y extrañas criaturas y bestias que aterrorizaban aldeas y pueblos enteros.
La milicia local, mal preparada e insuficiente, no podía imponer la paz en los extensos territorios del reino, se requería de un ejercito preparado y disciplinado que representase la autoridad y la justicia.
Fue Gedius de Mastigore, un diestro guerrero de gran renombre instruído en el arte de las armas y la hechicería, quien fundó el primer temple. Los caballeros del temple eran adiestrados bajo un estricto código, que ensalzaban lo que denominaban los Gonash, o las siete virtudes.
Tras la batalla de Thireón, donde los caballeros del temple ajusticiaron una tribu de bandidos que aterrorizaban y saqueaban a varias aldeas, el Alto Círculo propuso a Gedius que los caballeros entraran al servicio del reino, otrogándoles el título de nobles y a sus miembros la distinción de Sir.
De esta forma se crearon diversos temples por todo el reino y sus miembros representaban la justícia y el orden, asegurando la paz y representando el brazo armado del gran consejo.
LA ERA DE LOS CONFLICTOS
Sin embargo nadie, ni siquiera los dioses, podía imaginarse los años de oscuridad venideros.
Siglos después de la aparición de la primera orden de caballería ocurrió un acontecimiento que cambiaría el curso de la historia de Kendoria.
Un extraño meteorito calló del cielo, al norte, en los profundos bosques de las amazonas. Algunos dicen que fue un artefacto enviado por los dioses oscuros, otros especulan que no era más que un fragmento de una poderos arma de un dios oscuro, una esquirla desprendida en una gran batalla divina y que cruzó varias dimensiones hasta llegar a Kendoria.
Sea como fuere el meteorito impactó en la tierra y se alimentó de ella, creciendo en tamaño y forma hasta alcanzar la forma cilíndrica, acristalada, oscura como la más negra noche. Su poder era impresionante y corrompió todo a su alrrededor. Aquel que era un frondoso bosque pasó a ser un sombrío lugar, donde oscuras y terribles bestias, fruto de la corrupción de la piedra, habitaban a su antojo.
Tal era su proliferación que las aldeas colindantes al bosque comenzaron a sufrir los ataque de estas bestias, que destruían ciudades enteras y devoraban a sus habitantes.
El Alto Círculo decidió enviar a los caballeros nobles para que intervinieran y frenaran el avance de tal amenaza, descubrieran su foco y lo erradicasen. Sin embargo no eran conscientes del formidable adversario al cual se enfrentarían.
Fue el General Cromûndor, uno de los más prestigiosos caballeros del temple, el que comandó la compañía para desempeñar tan importante misión. Repelió y acabó con las criaturas que asolaron las aldeas persiguiéndolas al interior del bosque, hacia donde huían desperdigadas buscando refugio, las siguió hasta el mismo corazón del mismo, hasta la mismísima piedra oscura, sin embargo no imaginaba cual iba a ser su destino.
Se dice que el poder de aquella oscura piedra era tal y tan intenso que poseía voluntad propia, otros aseguran que en ella albergaba la esencia de un antiguo dios oscuro y otros se aventuran a afirmar que a ella permanecía atado un poderoso demonio. Sea como fuere, el alma de Cromûndor y la de sus hombres fue corrompida. Avandonaron la senda virtuosa de los Gonash y renegaron de sus dioses, su orden y del Alto Círculo, faltando a su juramento.
Tras lo sucedido, el Alto Círculo comprendió que se habían subestimado el poder de aquel artefacto, por ello decidieron que la única forma de destruirlo era utilizando el poder de la Piedra Luminosa. Para ello convocaron al resto de temples, formando un inmenso ejército, con la finalidad de enfrentarse al desertor Cromûndor y a las criaturas del recién bautizado Bosque Muerto, llegando hasta el mismísimo corazón y destruyéndolo de una vez por todas.
Las batallas que ocurrieron fueron las más crueles y sangrientas que se han conocido, enfrentados los que antes eran hermanos como enemigos eternos, morían a cientos, sin embargo los caballeros nobles eran superiores en número y Cromûndor junto con los restos de sus renegados se vió obligado a retirarse hasta la costa, donde capturó diversas naves y se aventuró a los mares del sur.
Los caballeros nobles, victoriosos, se encaminaron al Bosque Muerto, donde un mal muy superior al que representaban sus anteriores hermanos les aguardaba. Kûn Agbar ("engullidor de luz"), como habían bautizado a la piedra ocura, había adquirido medidas desporporcionadas. Alimentándose de la energía del bosque y de las almas de la compañía de Cromûndor, su poder había aumentado considerablemente.
Tras sangrientos combates, finalmente, los restos del ejército de los caballeros nobles llegaron hasta kûn Agbar, eran menos de un cuarto de los que partieron desde el inicio de la campaña, sin embargo no flaquearon al usar el poder de la Piedra Luminosa contra el artefacto oscuro.
Algunas leyendas cuentan que Kûn Agbar, físicamente, era la representación de la nada. Su superficie parecía negra, sin embargo no era ésta la que se percibía, sino el vacío en su esencia, absorviéndolo todo lo que se encontraba a su alrededor.
El choque de energía entre las dos piedras fue tremendo, se recogen en los antiguos escritos que se produjo una explosión que hizo temblar los cimientos de las ciudades. Una columna de humo negro se elevó hacia el cielo para estallar en un enorme muro de fuego que barrió todo a su paso.
Nada quedó de las dos piedras, se dice que ambas se fragmentaron diseminándose por toda Kendoria.
LA RUPTURA DEL ALTO CÍRCULO. LA APARICIÓN DE LOS REINOS
Con los ejercitos de caballeros nobles mermados y sin el poder de la Piedra Luminosa, las tierras de Kendoria se sumieron en el caos. El alto consejo comenzó a ver su autoridad cuestionada y los diferentes pueblos reclamaron su soberanía hacia sus dirigentes y sucesores por derecho.
Fue el comienzo del declive, cada reino cerró sus fronteras y se erigieron nuevos ejércitos alzando sus armas y reclamando aquello que, entendían, propio por derecho.
Así se forjaron los nuevos reinos de diferentes pueblos, cada uno con sus tradciones, historia, monarcas y leyes, y así permanecen hoy en día hasta que el destino los unifique de nuevo por alguna noble causa.